viernes, 15 de julio de 2011

Fabián Iriarte




Cuando se presente en tu domicilio, sin previo aviso, rayo
en medio del campo desierto (una mirada, la trágica tormenta),
no te creas que será una sola herida, prepara tu cuerpo
porque te cegará y te partirá los huesos, destrozará
tus frases, te rasgará el paisaje de la espalda,
te reducirá
a esa miseria que fue siempre tu lúcida sospecha.

Fabián O. Iriarte, Laprida, Bs. As. 1963
imagen: Cerezo en flor, Yamamoto Baiitsu (1783-1856)



Mientras vamos por este sendero alto de luz matutina
discurriendo indulgentes sobre augustos poetas
abandonados a la peor veneración, la piedad exigua de los siglos,
que con débil convicción multiplican esas voces oídas en arboledas
de academia,
quod non imber edax, non aquilo impotens possuit diruere
Mientras vamos, decía, nos mira
o creo paranoico que nos mira (vaciedad de la piedra su mirada)
el busto de un anciano, representante de la tradición y del hipérbaton,
adustez de mármol su rostro.

Adustez a la que el tiempo, irreverente,
ha arrancado parte de una oreja.

Fabián O. Iriarte, Laprida, Bs. As. 1963



En la línea de la rama que confunde el horizonte
frente al asombro de los ojos de la mañana.
Si tu veux être heureux, ne cueille pas la rose
Después de la luz de lluvias que deslumbran,
la perfección es extraña.

Fabián O. Iriarte, Laprida, Bs. As. 1963

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